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Pobreza

Marginalidad y adicciones: la lucha diaria de los curas en las villas porteñas

La pobreza en los barrios carenciados se siente cada día con más fuerza en Buenos Aires. En AM550, dialogamos con Gastón Colombres, párroco de Ciudad Oculta y se refirió a esta situación.

Marginalidad y adicciones: la lucha diaria de los curas en las villas porteñas

"Los dramas irresueltos de la vivienda y el trabajo representan hoy un grito estremecedor y creciente", decía aquella carta presentada por más de 40 sacerdotes de Buenos Aires en octubre del 2021, haciendo referencia al crecimiento de la brecha social en los barrios carenciados de la ciudad. Adicciones a todo tipo de drogas y ser marginado de la sociedad, es un problema y un signo habitual en las personas que habitan las distintas villas porteñas.

"La mayoría de nuestros vecinos del barrio, son trabajadores y comunitarios tratando de ayudarse entre todos. Sin embargo, diariamente nos pega muy fuerte la droga, la marginalidad y la falta de posibilidades que tienen las y los vecinos por el solo hecho de vivir en una villa. La delincuencia y el consumo de drogas está al alcance de la mano", expresó Gastón Colombres, párroco en el barrio Ciudad Oculta, en diálogo con Pórtense Bien, programa conducido por Claude Staicos y Rubén Boggi.

 

Encuentro de jóvenes llamado "Ni en la calle ni en la esquina" que se llevó a cabo en la parroquia Nuestra señora del Carmen.

Gastón convive con estas duras realidades todos los días, ya que transita y visita barrios carenciados desde hace 14 años. Además, está al frente de un hogar que recibe diariamente a jóvenes golpeados por la droga que no encuentran una salida.

Cárcel, calle y cementerio. Estas tres palabras o mejor conocidas como la Triple C, son las que los curas villeros de estos barrios luchan para que ningún joven termine en algunos de estos tristes destinos. "Para enfrentar a la Triple C, nosotros también inventamos una Triple C: Capilla, Club y Colegio. Tratamos de que los chicos puedan llegar antes a estos lugares, que son espacios de contención y de prevención. Queremos que puedan sentirse abrazados por una familia", detalló el párroco Colombres en AM550.

El trabajo de los curas villeros va más allá de poder adelantarse a estas situaciones. En estos sitios donde se resaltan las capillas, clubes y colegios, también hay lugar para los que ya entraron al mundo de las drogas. "Recibimos personas que están sumergidos en el flagelo de las drogas y para ellos, tenemos el Hogar de Cristo, que es una herramienta de la Iglesia acompañada por Cáritas. Salimos a buscar a los pibes que están en los pasillos, ofreciéndoles un mate cocido o que acerquen a estos hogares para tratar de que comiencen a recuperar sus vidas", afirmó Gastón Colombres.

 

El párroco Colombres, en una recorrida por la Villa Zavaleta. FOTO: Gentileza.

Algunos chicos aceptan la invitación y van hacia estos hogares, donde los curas villeros los incentivan a recuperar lazos familiares y la vida diaria, que fue penetrada por las drogas. "Cada vez más, creo que las drogas están en todos los ambientes sociales. Casi todas las familias del barrio (Ciudad Oculta) tienen a algún conocido que está inmerso en las drogas y la adicción. A su vez y lo que sucede mucho, es que un chico comienza a vender algunas drogas porque no consigue trabajo por pertenecer a una villa. La marginalidad golpea desde todos los lados", agregó Gastón, que hace cuatro años trabaja diariamente en Ciudad Oculta y ayuda en la Parroquia Nuestra señora del Carmen.

En este duro contexto también se presenta otro grave problema, del que todavía los curas villeros no le pueden encontrar una solución. "Esta situación de drogas y marginalidad golpea mucho más en la adolescencia y todavía no le encontramos la vuelta. A los jóvenes les cuesta mucho sostener la escolaridad y no termina siendo un espacio contenedor. Son muy pocas las escuelas que entienden y abrazan a un chico que está en esta situación", comentó Gastón Colombres.

 

MIRÁ LA ENTREVISTA COMPLETA:

Con el paso de los años, la mirada de las autoridades políticas fue cambiando sobre las villas porteñas. El trabajo a pulmón que hicieron y hacen los curas villeros, acompañados de ONG y distintos tipos de ayudas, generaron que, muy lentamente, el Estado comience a ver el problema y no evadirlo. "Por supuesto que falta mucho trabajo, pero se logró cambiar esa mirada que tenían los políticos y la sociedad. En el Conurbano la situación es mucho más grave, porque hay más marginalidad. La adicción es como la Diabetes, que tenés que medirte el azúcar todos los días. A lo largo de la vida hay que estar cuidándose y tener la ayuda de otros", concluyó Gastón Colombres, en una entrevista exclusiva con AM550.

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