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La izquierda neuquina convirtió Zanon en un museo de promesas rotas

La histórica cooperativa quedó reducida a la supervivencia, con apenas 73 trabajadores y un modelo de gestión que hace tiempo dejó de dar respuestas.

La izquierda neuquina convirtió Zanon en un museo de promesas rotas

La ex Zanon, rebautizada como FaSinPat para sostener un relato épico que hace tiempo se cayó a pedazos, es hoy la muestra más brutal del fracaso de la izquierda neuquina. Lo que alguna vez quisieron vender como símbolo de lucha obrera terminó convertido en una estructura vaciada, improductiva y usada durante años como caja política. La cooperativa no fue destruida por un enemigo externo: la fundieron quienes la administraron, la explotaron discursivamente y la usaron para hacer carrera política.

Detrás de esa decadencia aparecen nombres concretos del Frente de Izquierda, como Andrés Blanco y Julieta Ocampo, dirigentes que construyeron poder mientras la fábrica se derrumbaba. Durante años militaron consignas, organizaron protestas y sostuvieron un aparato político que necesitaba financiamiento, visibilidad y conflicto permanente. Mientras tanto, la producción se desplomaba, la cooperativa se hundía y el relato revolucionario servía para tapar una realidad cada vez más obscena: Zanon dejó de fabricar cerámicos y pasó a sobrevivir vendiendo chatarra.

La decadencia fue tan evidente que ni siquiera se sostuvo sola: necesitó durante años de los subsidios estatales que otorgaron gobiernos anteriores, en especial la gestión de Omar Gutiérrez, que eligió poner plata de todos los neuquinos para comprar paz social y evitar cortes o protestas. Ese esquema fue un escándalo con doble costo: por un lado, se desviaron recursos públicos que podrían haberse destinado a salud, educación o seguridad; por otro, se prolongó artificialmente la agonía de una cooperativa inviable que ya estaba fundida.

Ahora el desastre volvió a quedar expuesto con toda crudeza: la ex ceramista mantiene una deuda con el EPEN que supera los 2.070 millones de pesos y la salida que analizan sus conductores es vender parte de los terrenos industriales del predio. Es decir, después de haber destruido la producción, ahora van por los activos. Quieren liquidar tierras ubicadas en una zona estratégica del Parque Industrial de Neuquén, pegada a uno de los accesos logísticos más valiosos hacia Vaca Muerta. La postal es demoledora: de fábrica emblema a remate encubierto para pagar deudas.

La confesión final la hizo el propio Blanco, cuando admitió que hoy sobreviven con “migajas”, vendiendo chatarra y realizando tareas complementarias porque ya no venden cerámicos. En la planta quedan apenas 73 trabajadores aferrados a los restos de un proyecto que la izquierda convirtió en ruina. Lo que prometieron como modelo alternativo terminó siendo un monumento al fracaso, al clientelismo ideológico y a la irresponsabilidad política. La izquierda neuquina no salvó Zanon: la fundió.

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