El PJ neuquino y una contradicción difícil de esconder: apertura digital y cierre político
Mientras Lorena Parrilli impulsa cambios para facilitar las afiliaciones, persisten los cuestionamientos por las disputas internas y la concentración de poder dentro del peronismo provincial.
La diputada provincial Lorena Parrilli presentó un proyecto para modernizar los mecanismos de afiliación y desafiliación de los partidos políticos mediante herramientas digitales. La iniciativa puede resultar atendible desde el punto de vista tecnológico, pero abre una inevitable discusión política: los sectores que durante años fueron cuestionados por cerrar el Partido Justicialista de Neuquén ahora proponen cambiar las normas para ampliar la participación. La contradicción no pasa por la digitalización en sí misma, sino por quiénes impulsan la reforma y por la historia reciente del espacio político que representan.
La trayectoria del parrillismo en Neuquén está estrechamente vinculada a Oscar Parrilli, dirigente que construyó durante décadas una estructura de poder dentro del peronismo provincial y ocupó cargos de relevancia durante los gobiernos kirchneristas. Fue senador nacional, funcionario de primera línea y también condujo los servicios de Inteligencia durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. A esa acumulación de poder se suma una presencia familiar constante: Lorena Parrilli ocupa una banca en la Legislatura, Nancy Parrilli, hermana de Oscar, también fue legisladora y el propio dirigente mantuvo durante años lugares centrales en la política nacional y provincial.
Esa historia explica por qué el proyecto presentado por Lorena Parrilli genera una fuerte contradicción política. Oscar Parrilli fue durante años señalado por sectores internos del justicialismo como uno de los principales responsables de bloquear procesos de renovación y condicionar las internas partidarias. Sus críticos sostienen que el armado político tuvo siempre una lógica personal y familiar, basada en la preservación de cargos y espacios de poder. A ello se suma su rol como uno de los principales defensores de Cristina Fernández de Kirchner, condenada en la causa Vialidad, una situación que profundiza las críticas hacia un espacio que ahora pretende colocarse en el lugar de la transparencia y la apertura institucional.
La crisis más reciente ocurrió dentro del propio PJ neuquino. El sector de José Asaad logró imponerse en las elecciones internas para la conducción partidaria y abrió una expectativa de renovación en una estructura profundamente debilitada. Sin embargo, poco tiempo después, una nueva disputa interna alteró el equilibrio de poder y terminó desplazando a Asaad del centro de la conducción política. Para sus seguidores, lo ocurrido fue un verdadero golpe institucional impulsado por sectores vinculados al parrillismo, que habrían recuperado mediante acuerdos internos el poder que no consiguieron en las urnas partidarias.
El episodio terminó de exponer la situación de un Partido Justicialista neuquino debilitado, fragmentado y con escasa capacidad de renovación. Con Asaad, al menos, existía la posibilidad de intentar una reconstrucción desde otro liderazgo, pero las disputas internas volvieron a colocar al partido bajo la influencia de sus figuras históricas. El problema es que el peronismo provincial parece seguir atrapado entre los mismos nombres, los mismos apellidos y las mismas estructuras de poder que condicionaron durante años su competitividad electoral.
Por eso, el debate sobre el Sistema de Afiliación y Desafiliación Libre y Digital excede ampliamente la discusión tecnológica. Modernizar un trámite puede ser positivo, pero ninguna plataforma digital reemplaza la democracia interna, la renovación de dirigentes ni la transparencia en la construcción política. La principal dificultad del PJ neuquino no parece estar en el formulario que debe completar un afiliado, sino en una estructura partidaria debilitada por sus internas y por liderazgos que se resisten a abandonar el centro de la escena. En ese contexto, la iniciativa de Lorena Parrilli deja una paradoja difícil de ignorar: quienes fueron cuestionados por cerrar el partido ahora buscan presentarse como los promotores de su apertura.
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